Repartir la riqueza: ¿Es la solución?

“Hay dos maneras de dejarse engañar. Una es creer lo que no es cierto; la otra negarse a creer lo que es verdad”. Soren Kierkegaard.

Repartir la riqueza es la soluciónMillones de personas se preguntan si repartiendo la riqueza existente se eliminaría la desigualdad o pobreza en el mundo. Esta desigualdad ha generado reacciones de odios, aversión y desprecio entre ricos y pobres, especialmente hacia quiénes son más acomodados, o adinerados.

Pero veamos las causas. Generalmente para las personas son afirmaciones aprendidas en los hogares en las primeras etapas, especialmente de la familia, los padres, hermanos, personas mayores, e incluso los profesores. Cuando escuchamos a las personas que influyen sobre nosotros hablando mal de los ricos, la riqueza, el dinero, qué son la peste, la causa de nuestras desgracias económicas, perdemos la objetividad y caemos en una trampa sin salida. Estas personas que influyen transmiten lo que hay en su interior. Y como dice el refrán, uno da lo que tiene.

Cantidades de personas crecen, estudian, se educan fuertemente, pero a pesar de ello, continúan con un dominio mental de escasez o de pobreza. Continúan aún con la antigua programación. No se cuestionan acerca de la responsabilidad directa que ellos tienen por sus condiciones económicas o financieras. Creen que hay o debe haber actores externos que se encarguen de ello, o que existen fuerzas ocultas que atentan en contra del progreso que tanto desean y no se da.

Tales personas critican, condenan, se quejan. Hablan mal de todo. De la economía, el gobierno, las empresas donde laboran, los jefes, el trabajo que desempeñan, de los políticos, la suerte, y hasta de Dios. Infinidad de factores exógenos.  Pero en sí, no analizan objetivamente ni toman acción para corregir su destino, sino que sus conversaciones se convierten en un muro de lamentos. Nada más toxico para el espíritu que una persona que se vive quejando. Si los acogemos y escuchamos mucho tiempo, terminaremos como ellos.

La buena noticia es que todo se puede cambiar. Cuando somos conscientes y creamos nuestras realidades, es decir cuando vigilamos nuestra forma de pensar, nuestras emociones, conductas y acciones; esto nos llevará a seleccionar cuidadosamente con quienes rodearnos o relacionarnos. Detectar si son personas positivas o negativas, optimistas o pesimistas, pues ellas incidirán directamente en nuestros resultados personales, laborales, profesionales y financieros.

No podemos pasarnos la vida criticando y hablando mal de los ricos y en el fondo queriendo ser como ellos. Muchos los critican, pero compran la lotería, el baloto, van a los casinos, esperan un golpe de suerte. Quieren tener una mansión, un auto de lujo, vestir ropa de marca, ir a los sitios que ellos frecuentan, al mismo club, o enviar a sus hijos a los colegios o universidades de ricos. Estas conductas son una verdadera paradoja. Necesitamos ser coherentes.

Cuando vas por la calle y ves un auto de rico: ¿Qué emoción predomina? ¿Admiración o envidia?

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Aldo Alexander Castillo

Inversionista y Conferencista en Finanzas Personales

Economista – Especialista en Finanzas – Diplomado en PNL

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