¿LA DEUDA, ENRIQUECE O EMPOBRECE?

deudaLa palabra deuda le suscita algún tipo de reacción emocional positiva o negativa cada vez que la escucha?. Ha lidiado alguna vez en su vida con la constante presión de un prestamista ansioso de recuperar el dinero que le ha prestado, llámese banco, amigo, familiar, prestamista usurero, e incluso el denominado “gota a gota”?.

 La palabra deuda ha estado de moda desde tiempos antiquísimos. A través de la historia las civilizaciones y los hombres han recurrido al “fondeo” o préstamos a los más acaudalados y prósperos, para de esta forma los prestatarios llevar a cabo sus proyectos, o simplemente para cubrir sus necesidades más inmediatas. Hoy la palabra deuda genera todo tipo de interpretaciones en todo el planeta.

 Es común oír acerca de las deudas y sus efectos, como han quebrado imperios, reinos  y países debido a sus enormes magnitudes que en un momento determinado degradaron la confianza de los acreedores generando enormes crisis. Los casos más recordados son la crisis de la Gran Depresión iniciada en 1929, la crisis de los años 90, la crisis de comienzo del año 2000 y la gran crisis financiera e hipotecaria de la primera década del 2000. Estas crisis ocurrieron a causa de los altos niveles de endeudamiento y por la pérdida de la confianza, principal indicador para los inversionistas. Recientemente, las deudas han conducido a rescates financieros de países como Islandia, Irlanda, Portugal, Grecia, Chipre y están en la mira otros como España e Italia. No es sino darle una mira al reloj de la deuda mundial en tiempo real para darnos cuenta como ésta aumenta desenfrenadamente en microsegundos.

 El comportamiento macro global de la deuda se replica de forma similar en nuestro país, el gobierno, empresas, hogares, familias y en las personas. Según los expertos, existe tal ignorancia o analfabetismo financiero en la población colombiana muy cerca del 95%; esto tiene que ver implícitamente con deuda. Según las estadísticas más del 80% de los ciudadanos gastan más de lo que ganan, o sea viven continuamente al debe, es decir permanentemente incurren en préstamos onerosos a terceros para cubrir el faltante. Mucha gente tiende a creer que la deuda es nociva y tratan al máximo de evitarla. Para aclarar este falso mito acerca de la deuda, hablaremos de las dos categorías existentes.

En primer lugar, está la deuda “mala”, es aquella que nos saca dinero constantemente de nuestro bolsillo. La utilizamos a menudo para comprar pasivos o cosas superfluas las cuales la mayoría de veces no necesitamos (se compra casi de forma automática e impulsiva) la pagamos con tarjeta de crédito, adquirimos créditos a largo plazo, pagamos altos intereses y sin darnos cuenta nos conducen fácilmente a hipotecar nuestro futuro. Los ejemplos más típicos son las compras con tarjetas de crédito (conozco un amigo que tiene ocho) de electrodomésticos, ropa de marca, joyas, vacaciones, mercado diferido a más de doce meses; la compra de autos cero kilómetros y la compra de vivienda con hipotecas a 15 o 20 años. Esta deuda nos hace pobres, tenemos que pagarla nosotros mismos.

La mayoría de las veces las personas nos son conscientes de las obligaciones que están adquiriendo, pues si tuviesen que pagar todas sus deudas tomando como indicador de fondeo sus ingresos, tardarían casi toda una vida para saldarlas, sin analizar que dichos ingresos futuros generados no les pertenecerán a ellos sino a los prestamistas. La mayoría de veces la adquisición de este tipo de deudas se conoce como “terapia de compras”, la persona compra debido a la insatisfacción de su vida o por ostentar un mayor estatus social.

 En segundo lugar, está la deuda “buena”, siendo esta la que ingresa dinero en nuestros bolsillos. Es deuda productiva, pues su rendimiento, beneficio o retorno está por encima de la tasa de interés o del costo del capital. Es utilizada especialmente por personas inteligentes financieramente para comprar o crear activos, negocios, comercializar productos o mercancías, franquicias, bienes raíces, invertir en el mercado de valores o en commodities como oro, plata, petróleo, etc. Utilizada de forma inteligente produce ingresos o ganancias de capital, permitiendo una mejor calidad de vida en las personas y solidez patrimonial (riqueza). Si la utilizamos con sapiencia nos hace ricos, pues son otros quienes la pagan.

 La prosperidad y habilidad en la administración de las finanzas de una persona y por ese camino lograr una mejor calidad de vida, juega un papel relevante la necesidad de aprender y educarse financieramente, pues es indispensable adentrarse en el lenguaje y la jerga financiera básica, de forma que se pueda tener total claridad conceptual. Este proceso permite a cada individuo llevar a cabo de forma eficiente elevar su inteligencia y coeficiente financiero (IQ Financiero), focalizándose en solucionar permanentemente problemas relacionados con el dinero, producir más dinero, protegerlo, llevar presupuestos detallados, apalancar el dinero y aumentar los conocimientos e información financiera necesaria.

La eficiente y efectiva administración de la deuda no solo aplica para las personas, se extiende de la misma forma a empresas, corporaciones y países. Es imperativo que los países en el mundo tomen conciencia de los riesgos en que incurren al emitir gigantescos niveles de deuda (interna, externa e impresión de moneda) lo que podría llevar a fuertes caídas de la confianza de sus economías y a una salida abrupta de capitales, poniendo en aprietos a dichos países como se ha visto en años recientes, generando todo tipo de volatilidades y distorsiones, así como fuertes perturbaciones económicas, políticas y sociales.

 Para concluir el bienestar, éxito o prosperidad de una persona en temas financieros ya no está garantizado por su formación académica tradicional. Países como España con profesionales bien formados posee una tasa de desempleo del 27%, Estados Unidos posee comedores comunitarios donde asisten personas con doctorado, los estudiantes en Chile están endeudados hasta el cuello y los puesto de trabajo para los recién graduados son cada vez más escasos, de baja calidad y mal remunerados. La responsabilidad recae en crear nuestro futuro utilizando al máximo el coeficiente y la inteligencia financiera, podemos utilizar la deuda como una herramienta efectiva en el logro de nuestros sueños y de nuestra felicidad. Si optamos por lo contrario, es decir, adquirir deudas innecesarias en un mundo manejado por la publicidad y el consumismo, sin duda nuestra intranquilidad tendrá un precio muy alto.

Aldo Alexander Castillo

Economista – Especialista en Finanzas

Inversionista y Conferencista en Finanzas Personales

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *