Gastar bien, sentirse bien

“Ingreso anual 20 libras, gastos anuales, 19,96 libras; el resultado la felicidad. Renta anual 20 libras, gastos anuales, 20,06 libras, el resultado es la miseria”. Charles Dickenson

ComprarDía a día debemos tomar múltiples decisiones de tipo financiero. Desde que nos despertamos hasta que nos dormimos. Muchas veces nos cuestionamos fuertemente ¿Qué es de nuestro dinero? Ese que obtenemos con gran esfuerzo, muchas veces de esfuma sin darnos cuenta. Sin importar los niveles de ingreso, se dice que hay tres tipos de administradores del dinero:

  1. Quien gasta más de lo que gana.
  2. Quien gasta todo lo que gana.
  3. Quien ahorra desde el 1% al 20% y más de lo que gana.

Sin duda, pertenecemos a una de estas categorías, por lo que debemos hacer un diagnóstico. Analizar si el gasto es consciente o inconsciente.

Inconsciente: generalmente es una compra impulsiva. Por sentirse mejor, a causa de situaciones de insatisfacción, estrés o frustración. Nace de patrones aprendidos. Especialmente del manejo que daban al dinero papá o mamá. Muchas veces creemos que son ellos los culpables de nuestro comportamiento compulsivo. Culpar es fácil, solo que no resuelve el problema. La inconsciencia se puede convertir en una “adicción” muy fuerte; pues se focaliza en satisfacción de lujos, deseos y caprichos. Entre más se compre, más gasto, más deuda, menos ahorro, menos inversión, y por tanto, mayor esfuerzo y trabajo para pagar.

Consciente: es la compra racional y emocional bien equilibrada. Satisface necesidades. Producen bienestar, comodidad, satisfacción, alegría. No busca derroche ni ostentación. Es frugal, pero a la vez puede ser fina, de calidad y asequible. No necesariamente tiene que ser de marcas reconocidas o de precios exorbitantes. No es gobernada por deseos o caprichos. Permite ser eficiente con el uso del dinero. Si se quiere gastar más, analiza que hay que producir más, no hay otra opción.

Antes de comprar deberíamos cuestionarnos seriamente: ¿Realmente lo necesito? Si la respuesta es negativa no tiene caso. Como lo afirma don Mario Hernández, reconocido empresario “Hay que gastar como si ganáramos menos; entonces, gastas menos e inviertes más”. Esa es la ecuación. Sencilla.

¿Pero como lo hacemos en nuestra cotidianidad? Tomar conciencia. Ser muy inteligentes, controlar nuestras emociones; Inteligencia Emocional. Si lo necesito, cotizar con varios proveedores o marcas. No comprar en la primera oferta; pues se pueden perder valiosos recursos. Indagar, tener mayores criterios. Revisar garantías y coberturas. En otras palabras, el “comprador debe ser más racional que emocional”; pues ha hecho una previa planeación.

Sabiendo que nuestro esfuerzo y trabajo es intercambiado por dinero es bueno preguntarnos: ¿Quién se ha llevado mi dinero? ¿Por qué no hay dinero que alcance? Quizá estas preguntas puedan hacernos reflexionar y así mejorar nuestra vida financiera para siempre.

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Aldo Alexander Castillo

Inversionista y Conferencista en Finanzas Personales

Economista – Especialista en Finanzas – Diplomado en PNL

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