Felicidad y Riqueza

“Los ricos tienen televisores pequeños y bibliotecas grandes, y los pobres tienen pequeñas bibliotecas y televisores grandes”  Zig Ziglar

Riqueza¿Es mejor ser rico que pobre? ¿Prefiero ser feliz que ser rico? ¿El dinero no produce ni compra la felicidad? ¿Prefiero ser pobre pero honrado?.

Muchas preguntas como estas nos hacemos a diario en nuestro continuo vivir buscando una respuesta que pueda aclarar nuestras dudas.

Un mentor me explicaba que la relación entre la felicidad y la riqueza en un principio es directa. Esto significa que al comienzo en la vida de una persona a medida que su riqueza aumenta lo hace la felicidad, comenzando por satisfacer las “necesidades básicas” (alimento, vestuario, techo).

Posteriormente, un aumento en la riqueza produce aumento en la felicidad especialmente en los “gustos o deseos” (ropa más fina, relojes, electrodomésticos, viajes), compras que si no se llevaran a cabo no impactarían sustancialmente al individuo.

Luego, aparece otra categoría derivada del incremento de la riqueza que son los “lujos o caprichos”, generalmente no necesarios para vivir, pero que se utilizan para impresionar a otros o para crear la idea de estatus elevado (autos de alta gama, joyas, inmuebles, ropa de marca, viajes exóticos, yates), los cuales son adquiridos en su mayoría a crédito.

Después de esta etapa en la medida que la riqueza crece y se piensa más en satisfacer los deseos y los lujos personales sin control, se llega a un estado de insatisfacción, lo cual significa que la felicidad empieza a decrecer; pues son muchos los “juguetes” deseados, y al final, no se tiene el tiempo suficiente para disfrutarlos a plenitud.

Existe una forma placentera y efectiva de aumentar la felicidad si la riqueza aumenta, posterior a los estados anteriores mencionados en una persona. Esta se enfoca en determinar “cuanto es suficiente” para vivir.

En el libro El Monje que Vendió su Ferrari, Julian Mantle exitoso abogado de Harvard, creía que su éxito y felicidad dependían que en su cuenta bancaria hubiese 300 millones de dólares. Algo muy parecido a los deseos de codicia del Rey Midas. Más tarde descubre que su verdadera riqueza y felicidad se encuentran en su interior y en las cosas simples, y no en el monto de dinero que hubiese en su banco.

Esa felicidad y riqueza en los más altos niveles del ser humano se llama “Filantropía”. Ha sido el sueño y misión de los grandes hombres y mujeres que han disfrutado de la riqueza. Muchos de ellos han sido y son frugales en el uso de su dinero. Muchas veces compitieron para ver quién de ellos creaba más fundaciones, donaba más dinero o dejaba menos herencia a sus descendientes.

Es un gran ejemplo a seguir en la medida que seamos privilegiados con la prosperidad financiera, pensar en cómo compartir y servir a mayor número de personas, especialmente, los menos favorecidos.

La felicidad y la riqueza no son incompatibles, por el contrario, se complementan. Cuando están en armonía son una bendición para la humanidad. Se trata entonces de un cambio de mentalidad, así como del crecimiento personal interior basado en el Ser. Por que como reza una frase muy conocida: “Hay gente tan pobre tan pobre que solo tiene dinero”.

Aldo Alexander Castillo

Inversionista y Conferencista en Finanzas Personales

Economista – Especialista en Finanzas

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