Dar y recibir

“Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que te falta.” San Agustín

Dar y recibirDesde tiempos antiguos se nos ha enseñado que el ser humano dentro de sus deberes más importantes es poder “Dar” o compartir cosas que le cuesten con otras personas, especialmente con las más necesitadas. Desde las escrituras bíblicas, pasando por los exitosos hombres de negocios, nos han persuadido a compartir nuestros bienes que el universo nos ha facilitado muy generosamente.

Sin duda, se trata de un proceso de crecimiento personal interno y espiritual. Desprendernos de las cosas, especialmente materiales para dárselas a otros menos afortunados nos cuesta, dado que tenemos arraigado en nuestro interior el deseo de poseer y retener, así no las usemos. Se convierte en un acto de atesorar, sin una razón clara de por qué acumulamos.

De igual forma es importante el “Recibir”. El estar dispuestos a aceptar lo que el universo y las personas en un momento dado nos ofrecen con cariño. Debemos recibir con satisfacción y con gratitud y no simplemente hacerlo en contra de nuestra voluntad; pues nos hemos acostumbrado muchas veces a creer que “no lo merecemos”, erosionando con este pensamiento el camino hacia el éxito y la prosperidad.

Cuando entendemos que tenemos derecho legítimo a ser abundantes y prósperos por naturaleza, nos despierta en nuestro interior un deseo ardiente de lograr las metas y objetivos más nobles. La búsqueda de la prosperidad no tiene que ver solo con “llenarnos o taparnos de dinero”, sino con experimentar experiencias agradables como la paz interior, la satisfacción en nuestra profesión, nuestro trabajo, las excelentes relaciones con los demás; así como poseer una buena salud física y mental.

La abundancia de dinero y de bienes materiales nos permite tener las comodidades necesarias para disfrutar de una vida más placentera y divertida, haciendo lo que nos motiva hacer sin que se convierta en una carga o en una lucha llena de continuo esfuerzo y sufrimiento. Solo debemos disfrutar esos juguetes que nos da la vida, como los niños.

La abundancia y prosperidad en los seres humanos se convierten en bendiciones. En la medida en se tengan; las personas podrán vivir más felices y tranquilas, su hogares serán más sanos, sus trabajos más divertidos y productivos, sus relaciones interpersonales mejorarán y el estado de ánimo más motivante.

El valor agregado para la sociedad se da en la medida en que podamos contribuir y devolver parte de lo que el mundo nos ha dado. Este acto de compartir se convierte en una satisfacción de la mente y del espíritu.

Se acerca la Navidad, época propicia para Dar y Recibir con amor. Podemos empezar a practicar con cosas pequeñas. Cabe preguntarnos: ¿Qué tan bueno soy dando? ¿Me cuesta mucho? ¿Me duele? ¿Qué tan bueno soy para recibir?

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Aldo Alexander Castillo

Inversionista y Conferencista en Finanzas Personales

Economista – Especialista en Finanzas

 

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